6 de febrero de 2010

Turismo de invierno por Turquia (22/01/10 al 30/01/10)


Es duro viajar en invierno. Te arriesgas a que te haga mal tiempo, muchísimo frío, nevadas por todos lados, lluvias… Claro, que también tiene su lado bueno…, recorrer Estambul nevado es una chulada. Llegar a Éfeso y que te caliente el sol mientras recorres sus ruinas una delicia. Pero lo realmente maravilloso es que llegues a la Capadoccia un día de perros que no para de nevar y los dos siguientes días (que son los que estaremos allí) sean completamente despejados y luminosos. Que los valles de cuentos de Hadas de la Capadoccia puedan ser, por increíble que parezca, aún más bonitos cubiertos de nieve es algo que no olvidaremos nunca.

Vamos Eva y yo junto a Reyes (hermana de Eva) y Jesús (su marido).

Tenemos apenas 8 días y lo hemos preparado para poder visitar Éfeso y La Capadocia. La opción de viajar en autobús la descartamos pronto, no es plan de pasar dos noches en autobús así que hemos sacado dos vuelos internos. El primero será a Izmir para visitar Éfeso en un día. El siguiente iremos desde Izmir, vía Estambul, a Capadoccia. En ambos lugares hemos alquilado un coche para movernos a nuestro aire. También tenemos el hotel de los primeros días en Estambul y el de Izmir ya que aquí estaremos sólo un día y no queremos perder tiempo para ir a Éfeso.

Con todo esto preparado, una maleta pequeña (para llevarla en cabina) llena de ropa, pues la previsión es de mucho frío y mal tiempo, nos ponemos en marcha dispuestos a todo.

Estambul

Aterrizamos muy tarde, nuestra única opción será tomar un taxi. El hotel está en Sultanhamed, detrás de Aya Sofia. A la zona llegamos rápido, buscar el hotel ha sido otro cantar. Hemos estado más de media hora dentro del taxi, buscándolo. El hombre se bajaba y preguntaba a todo el mundo, al final estaba en una calle lateral. Estamos en el Nad Wooden House un hotel cuco y bonito pero con las habitaciones muy pequeñas. Salimos a dar una pequeña vuelta, tenemos demasiadas ganas como para meternos en la cama. Visitamos la explanada que hay entre Aya Sofia y la Mezquita Azul. Está lloviendo y hace frío, no hay nadie por la calle a estas horas. Son más de las 12h.

Nuestro primer día en Estambul, estará marcado por la nieve y el frío. Caía Agua-nieve cuando salimos del hotel junto con un frío intenso. Nos dirigimos hacia la Mezquita Azul. En verano las mezquitas son una especie de refugio contra el calor, un lugar fresco y agradable. En invierno no sucede lo mismo, hace prácticamente el mismo frío que fuera en la calle. Tienen el inconveniente de que hay que descalzarse y la alfombra donde te quitas los zapatos suele estar mojada por lo que te pasas un rato con los pies helados. Aya Sofía me ha gustado más esta vez que cuando la vi hace unos años.
Aunque todavía están llevando a cabo obras en su interior, esta vez hay menos andamios y se ve el conjunto mucho mejor. Además, no se por que razón, hay más luz que la que yo recordaba lo que nos permite verlo todo mucho mejor. Muy cerca de esta se encuentra La Cisterna, un depósito de agua que construyeron los romanos. Iluminado con luces de color rojo y una tenue música paseamos un rato en un ambiente agradable. La temperatura dentro de La Cisterna es también fría, aunque no tanto como en la calle.

Pasamos la tarde recorriendo la parte de fuera del Gran Bazar. Estamos buscando un Caravasar, Reyes recuerda que le gustó mucho pero no se acuerda del nombre. Damos muchas vueltas por todos lados pero no damos con él. La mezquita de la Jemi Cami (cami significa mezquita) es la que más nos gusta, la más bonita para nosotros de Estambul. Junto a esta está el Puente de Galata que cruza el Cuerno de Oro. Este puente me trae muy buenos recuerdos de la otra vez, lleno de pescadores y de pájaros, también me acuerdo de cuando pasé por aquí en la maratón. Ahora hay muchas luces y muchas tiendas en todos los subterráneos que llevan hasta allí. Pero no hay pescadores, normal con este tiempo y esta nieve cualquiera aguanta fuera sujetando la caña.

A la vuelta al hotel, después de cenar, es cuando más nieva. La plaza que está entre Aya Sofía y la Mezquita Azul está completamente llena de nieve y caen unos copos enormes. Hace un frío que pela, pero estamos encantados de estar aquí, pero a la vez deseando llegar al hotel para entrar en calor.


Éfeso

Cuando planeamos el viaje estuvimos haciendo cábalas para venir a ver las ruinas de Éfeso. Capadoccia y Estambul entraban en el viaje desde el principio, cuadrar lo de Éfeso nos costó algo más. Queríamos ver también unas ruinas romanas, para que el viaje quedara de alguna manera “completo”. Así que nos liamos la manta a la cabeza y cogimos tres vuelos internos. El primero nos lleva hasta Izmir, el aeropuerto más cercano a Éfeso. Además hemos alquilado un coche para recoger y entregar en el aeropuerto y un hotel en Izmir, para no tener que perder tiempo buscando uno.

Las carreteras están fenomenal. Pocos coches circulan por ellas, imagino que tendrá que ver con el precio de la gasolina, bastante más cara que en España. En apenas una hora estamos en la entrada de Éfeso. Lo primero que vemos es la avenida que llevaba al puerto, una calle bastante ancha con columnas a los lados. Si miramos a la derecha intuimos el mar, que aunque no se ve sabemos que está hacia allá. A nuestra izquierda hacia donde nos dirigimos se alza majestuoso el Gran Teatro. Aunque no sea de los mejor conservados, es una auténtica pasada. Jesús y yo nos subimos a la grada mientras Eva y Reyes cantan y declaman en el escenario, la acústica es realmente buena. En frente del Gran Teatro se encuentra el Agora (mercado), bueno lo que queda de ella. Una explanada bastante grande con columnas alrededor. Hay que hacerse a la idea de que era un recinto techado lleno de puestos de venta. Caminando por la calle principal paralelo al Ágora ya nos empezamos a sentir como si estuviéramos en la época romana. Las calles tienen incluso un sistema de alcantarillado y de canales para que el agua de las lluvias fluya.

Aunque sea la segunda vez que la veo, no deja de impresionarme la Puerta de la Biblioteca de Celso. Milagrosamente sigue en pie, a pesar de los terremotos que han ido destruyendo el resto de la ciudad. Parece que el hijo de Celso la construyó en memoria de su padre y como no tenía mucho espacio utilizó varios trucos (trampantojos) para dar la impresión de ser más grande de lo que en realidad es. No se si serán los trampantojos, lo que si se es que a mi me parece enorme y a la vez adorable. Te puedes quedar un rato mirándola e imaginar como debía ser con todas sus estatuas y los romanos pasando por delante de ella o bien entrando a consultar algún libro.

En frente de la biblioteca hemos recorrido unas ruinas encontrando unos retretes de la época. Una fila de agujeros en la piedra donde los romanos se sentaban a hacer sus necesidades. No hay separación entre ellos así que, salvo que hubiera unas maderas entre medias, seguramente podrían comentar como iba la política mientras vaciaban sus intestinos.

Para entrar a las casas de los nobles hay que pagar una entrada extra. Nos parece fatal, es un rollo esto de pagar la entrada y luego tener que pagar más si quieres ver una parte. Deberían cobrarlo todo junto y que entre todo el mundo. Esta es sin duda la parte mejor conservada de la ciudad, se pueden ver las paredes con las pinturas originales y también mosaicos en los suelos. Los paneles explicativos no me han parecido muy buenos, son algo liosos y nada interesantes, da la impresión de estar escritos para arqueólogos, no para visitantes que queremos que nos ayuden a entender lo que vemos. Aún así se pueden ver cosas muy chulas, como unos baños termales, una especie de capilla, estancias lujosas y otras menos…

Subiendo la cuesta pasamos por la Fuente de Trajano para llegar hasta el Pequeño Teatro, de proporciones bastante más reducidas que el anterior.

Como hemos dejado el coche en la entrada de abajo, tenemos que volver por donde hemos venido. Aunque hay taxis que ofrecen subir hasta arriba, creo que merece la pena hacer ida y vuelta (en pleno verano con mucho calor, a lo mejor la cosa cambia). Siempre se ven las cosas desde otro punto de vista y se ven detalles que pasan desapercibidos a la primera. Además te puedes parar otro rato a contemplar la portada de la biblioteca.

Nos ha hecho muy buen día, soleado aunque frío. El hotel no nos ha gustado mucho, no estaba mal situado pero tampoco bien. Lo mejor ha sido que para llegar hasta él hemos tenido que atravesar una calle que pensábamos era peatonal pues estaba lleno de puestos, como un mercadillo. Hemos cenado fenomenal en el sitio de moda muy cerca del paseo marítimo.

Capadoccia

Da igual las veces que visites esta región, siempre te sorprenderá. Y si además tienes la suerte, como nosotros, de hacerlo con todo nevado el resultado es de ensueño.

El avión desde Izmir ha salido con retraso. Además el vuelo era vía Estambul (de hecho son dos vuelos diferentes). También aquí tenemos un coche alquilado que cogemos en el aeropuerto. Lo hemos contratado por internet que suele ser más barato. En la terminal hay una oficina de alquiler de coches, pero no es la nuestra. Nos espera un señor con un cartelito con nuestro nombre. Nos lleva al coche y allí mismo hacemos los trámites. Si allí mismo, es una oficina portátil, para registrar la tarjeta que dejamos como fianza ha sacado una “bacaladera” y sobre el césped la ha procesado.

Está nublado y no se ve nieve en esta zona. Será cuando lleguemos a Göreme cuando lo veamos todo nevado. Si es chulo en verano ahora con nieve mucho más. En la oficina de turismo no nos hacen mucho caso. Le preguntamos cosas, pero el chico no nos dice nada, se limita a señalarnos una pared llena de fotos y datos de los hoteles. Parece que no quiere influir en la elección. Buscamos que tengan calefacción central. Tras ver unos cuantos nos quedamos en el Kelevek. Lo habíamos visto por internet pero no habíamos reservado por verlos en vivo. Es el que más nos ha gustado y además el precio era muy bueno. Vamos a dormir en dos habitaciones dentro de la roca. Tienen incluso chimenea y son enormes. Además el salón social que es donde se desayuna y cena está elevado y hay unas vistas sobre Göreme insuperables. Estamos encantados con la elección. Paseamos un rato por la ciudad y en dirección al museo al aire libre. La carretera está llena de hielo y hay nieve por todas partes, no demasiada, una fina capa.

Nos levantamos con un día espectacular, un cielo azul precioso, ni una nube en el horizonte. ¡Que maravilla! Incluso hay globos en el cielo. Y eso que ayer nos dijeron que habría nubes y nieve todo el día. El desayuno es un buffet libre y está fenomenal, además podemos disfrutar de las excelentes vistas con los ventanales que tenemos.

Vamos al museo al aire libre de Göreme. Está a un par de kilómetros del pueblo. Hemos puesto las cadenas porque había una placa de hielo en la carretera y resulta que son pequeñas, una de ellas se ha roto, vaya panorama. Por suerte no las necesitamos se llega bien al museo y luego a lo largo del día el sol irá quitando la nieve de todos lados.

Mira que me gustó esto del museo al aire libre, pero con nieve, es muchísimo más bonito. Se trata de un lugar donde vivía la gente hace mucho tiempo. Cuando el cristianismo se expandió a esta zona empezaron a construir iglesias dentro de las cuevas o chimeneas. En esta zona se pueden ver unas veinte iglesias además de casas y de almacenes, todas ellas construidas excavando en la roca. Muchas de las iglesias conservan pinturas en diferentes estados. La Iglesia Oscura (Dark Church) es la que tiene las pinturas mejor conservadas, la razón es que entraba poca luz. Lo malo es que para ver esta iglesia hay que pagar una entrada extra, otra vez. Las casas también están llenas de detalles interesantes como una especie de mesa alargada y grande, construida en la propia piedra, donde se sentarían a comer o en las reuniones. También hay estantes excavados para almacenar cosas o para colgar antorchas… A veces en el suelo hay un agujero que indica que ese era el lugar donde se cocinaba. Sólo con esto el viaje ya ha merecido la pena.

Alucinados con lo que hemos visto vamos hacia la ciudad subterránea de Kaymackli. Al poco de salir de Göreme paramos en un mirador. Las vistas son magníficas todo el valle de Göreme nevado está a nuestros pies. El pueblo se ve que está construido en medio como parte del valle de chimeneas. De aquí vamos al vecino pueblo de Uchisar. En él está la fortaleza de Uchisar. Una elevación de roca horadada con agujeros y cuevas que domina toda la zona. Entre el hielo y la nieve la subida está un poco peligrosa, hay que ir con cuidado.

Hay varias ciudades subterráneas en la zona. Parece ser que dos de ellas son las más grandes. Nos dirigimos a la de Kaymakli porque es la más cercana. Antes de entrar queremos comer algo, tras dar una vuelta nos metemos en un sitio que hay junto al aparcamiento de la ciudad subterranea, no nos habíamos fijado al pasar delante. Es un sito poco agraciado, anodino, pero con unas buenas ventanas por las que entra la luz solar que nos calienta y hace que estemos muy agusto.

La ciudad subterránea no es la misma que visité yo la otra vez, yo debí entrar en la otra. Me parece que son muy parecidas e igual de interesantes. La diferencia ha sido el guía, la otra vez nos lo contó uno en inglés bastante bien, pero el de esta ha sido espectacular…. Se llama Mustafá nos aborda a la entrada después de sacar los billetes. Nos dice que es mejor visitar la ciudad con un guía para que te lleve por todos los lugares y te cuente cosas. Habla muy bien en español. Parece que tiene el guión bien aprendido, luego nos sorprenderá porque responde bien a algunas preguntas que le hacemos, alguna incluso de cosas que hemos visto por la mañana en el museo al aire libre. Como es mejor llevar un guía y el precio nos parece muy razonable, pues le decimos que si. Estas ciudades se construyeron cavando en la roca y servían para ocultarse de los enemigos cuando estos intentaban invadir el lugar. Creo recordar que Mustafá nos ha dicho que entraban 5000 personas y que podían vivir allí por 6 meses antes de que el aire se volviera irrespirable, en cuyo momento se trasladaban a otra ciudad por pasadizos secretos.
Entraban en la ciudad y cerraban las puertas con unas rocas enormes que movían entre “5 hombres fuertes con palanca de hierro”.

Estas rocas no se podían mover desde fuera ya que no tenían un punto de apoyo para moverlas ni espacio para maniobrar. Visitamos tres niveles de los cinco que tiene. Para acceder a ellos hay dos caminos uno de entrada y otro de salida, “bien pensado”. Los niveles de arriba son los que usaba la gente rica y poderosa, los techos son más altos y los espacios más amplios, incluso tienen habitaciones para los niños. Según se va bajando los techos son más bajos y además el aire es más irrespirable, parece ser que en los últimos niveles vivían los esclavos y los más pobres. En las habitaciones hay agujeros para dejar las vasijas de agua, las lámparas y también las “vasijas para necesidades” (excrementos) que podían usar los miembros de una familia y tardaban varios días en llenar. También hay iglesias dentro de la ciudad con pequeñas cúpulas. Las cocinas son comunitarias y parece que sólo las usaban una vez a la semana y por la noche para que la salida del humo por las ventilaciones no los delatara. Lo mismo sucede con la higiene personal, se bañan una vez a la semana. Para entrar en los baños se forma una cola en la vía de entrada y se sale por el otro lado. Hay incluso “teléfonos primitivos”, agujeros en la roca para comunicarse de un nivel a otro. Mustafá nos dice, “yo enseño” y sale corriendo a hablarnos desde otra estancia. Es graciosísimo ya que como es bajito se agacha y sale corriendo por los pasadizos como si fuera un topo. También tienen lugares para moler el vino y para depositar los restos de la uva. Hay un pozo que se usa a la vez como agujero de ventilación y para introducir cosas en la ciudad y sacar excrementos y basura. Este pozo es salvaje, no se ve la profundidad ni la abertura de arriba. Parece ser que cuando se ocultaban en las ciudades varios hombres quedaban fuera para vigilar a los “enemigos” y ayudar a los escondidos. Cuando acabamos la visita Mustafá nos dice que le recomendemos a todos nuestros amigos que vayan a visitar la ciudad, que pregunten por “Mustafá, pequeño y rápido”, nos ha encantado, así que recomendado queda.

Al salir de la ciudad justo se ha ido el sol. Hace un frío que pela de verdad. Todos los puestos de ventas para turistas están vacíos, están las mercancías pero no hay nadie, ni compradores ni vendedores, no me extraña. En Göreme entramos a tomar un té y como tenemos algo de hambre hemos pedido un plato tradicional. En un guiso con verduras que se hace en una vasija de barro puesta al fuego. Cuando está lista la abren (en teoría rompiendo la vasija) y te lo comes, está delicioso.

Nuestro segundo día en Capadoccia también está despejado. Hoy queremos dedicarnos a pasear, al menos lo que podamos, por los valles cercanos. Lo primero por supuesto ha sido un copioso desayuno. Después nos hemos puesto en marcha hacia el Valle de las Espadas (no estoy seguro del nombre) que se encuentra antes de llegar al museo al aire libre. Paseamos un buen rato charlando y contemplando las distintas formaciones de Cuento de Hadas. Se puede apreciar perfectamente como se han formado ya que las hay con distintos niveles de formación. Junto a la montaña se observan grupos muy recientes y pegados que son las que llevan poco tiempo formándose, a medida que están más alejadas y solitarias quiere decir que se formaron hace más tiempo. Debió de ser el viento y sobre todo el agua la que ha dado forma a estas chimeneas de Cuento de Hadas. El camino está cubierto de nieve pero andamos muy bien por él.

El Valle del Amor debe su nombre a las formaciones, que parecen órganos genitales masculinos elevándose hacia el cielo. Nos ha costado un poco llegar hasta él ya que hay bastante barro por el camino. Nos hemos tenido que dar la vuelta cuando había demasiado hielo para continuar caminando.

El pueblo de Cavusin es el más antiguo de la Capadoccia. Allí las formaciones son diferentes ya que están compuestas por dos tipos de roca, la de abajo que es más blanda igual a la del resto del valle. Y la de arriba que es una capa de basalto que es un material un poco más duro. Por eso aquí las formaciones tienen una especie de sobrero de un color más oscuro. Como la parte de debajo es más blanda se va erosionando más y se va quedando una capa cada vez más fina hasta que el peso de la caperuza de basalto la vence y cae. El pueblo también es curioso con unas laderas totalmente horadadas y casas que parecen mezcla entre cuevas y construcciones normales.

Por la tarde vamos a un Caravasar. Está muy restaurado pues lo usan para hacer espectáculos de danza de los Derviches Girovagos. Aún así es interesante verlo pues te imaginas la sensación de seguridad que tendrían los miembros de las caravanas cuando llegaban allí y dejaban atrás peligrosos caminos.

Tener una chimenea en la habitación y no encenderla nos parece un sacrilegio. Así que la hemos encendido y se estaba de maravilla. Nos ha durado la leña justo hasta la hora de irnos a cenar.

Hoy ya no hace tan buen tiempo. Ha amanecido nublado, muy nublado. Por suerte ya nos vamos. Salimos con tiempo de sobra hacia el aeropuerto, cuando llevamos apenas 20 minutos empieza a nevar cada vez con más intensidad. Nieva, nieva, nieva y nieva, cada vez los copos son más grandes. La carretera está cubierta de nieve y encima tenemos que entrar a echar gasolina pues vamos muy justos. Eva va conduciendo, todas las gasolineras están al otro lado de la carretera, así que nos decidimos a dar la vuelta. Al ir a parar para hacer el cambio de sentido el coche no ha obedecido, se ha pasado sin tomar la curva de la cantidad de nieve que hay. Damos marcha atrás y tomamos despacio la curva. Por suerte no hay casi ningún coche en la carretera. Echamos gasolina y continuamos, hay bastante nieve pero se va bien. Al llegar a una ciudad nos encontramos con una cuesta bastante empinada. El coche, claro, no puede subir. Así que nos bajamos a poner la cadena que nos queda (la otra se había roto). Justo cuando estamos parados nos pasa un tractor que lleva las cadenas puestas y que está tirando piedrecitas a la carretera. Comenzamos a subir con la única cadena que nos queda y claro, se rompe también porque es pequeña. A pesar de que suena clonc, clonc, clonc al golpear la cadena con el coche, Eva decide no parar hasta que lleguemos al final de la cuesta, la última parte incluso la tenemos que pasar llevando el coche de lado a lado para que la pendiente no sea tan pronunciada. Quitamos la cadena y continuamos, la tensión es cada vez mayor, no se ve la carretera, todo está tapado. Menos mal que son dos carriles y que es llana. Una furgoneta viene a toda pastilla y nos pide paso, nos adelanta y en apenas unos segundo que ha pasado delante de nosotros ya no se ven sus rodadas en la carretera. Nieva muchísimo. Los cuatro vamos pendientes, en tensión, sobre todo Eva que va conduciendo como una campeona. Encima el Tomtom dice que nos faltan 30km hasta el aeropuerto. Sin decir nada vamos pensando que como haya otra cuesta no llegamos. De repente Reyes dice, “mira una torre de control, ese debe ser el aeropuerto”, no puede ser decimos si el Tomtom dice que nos quedan 23km. Según nos acercamos nos damos cuenta que es el aeropuerto. Tras aparcar el coche volvemos a respirar, estamos exultantes porque hemos llegado bien y a tiempo. A pesar de lo difícil que estaba Eva nos ha traído de maravilla, sin ponerse nerviosa ni nada.

En el aeropuerto estaremos esperando un par de horas hasta que salga el avión, pero ya no nos importa.

Estambul

De vuelta en Estambul, hemos cambiado de hotel. Vamos al que cogieron Reyes y Jesús cuando estuvieron aquí hace poco más de un año. Es más amplio que el otro, pero nos gustará menos. Es más frío, más artificial. Lo peor será el desayuno, que aunque es buffet libre, todos los días hay lo mismo y al segundo ya estás aburrido. Además se sirve en un salón de la planta baja que no tiene luz natural, parece que estás en un zulo. En el que estuvimos los otros días se servía en el último piso rodeado de ventanales.

Reyes ha sido nuestra guía por Estambul. Se acuerda de muchas cosas. De otras no se acuerda nada. Lo cual es una risa porque a veces es capaz de llevarnos de un sitio a otro sin vacilación y otras nos tiramos un rato dando vueltas en una zona porque está “por aquí”. Lo más gracioso fue buscar el Caravasar de Balide Han (encontramos por fin el nombre). Fuimos a la zona donde está y preguntamos a alguien que nos dijo que estaba subiendo una calle y hacia la izquierda. Pues Reyes estaba empeñada en que no era por ahí. Llegó a decir que qué sabría ese hombre, que ella estaba segura. Un poquito más adelante (por el camino que nos indicó el hombre) empezamos a ver tiendas de niños y dijo Reyes, “veis, tiene que estar por aquí cerca, porque recuerdo estas tiendas”. Un poco más adelante Reyes vuelve a decir que hay que ir hacia la derecha, así que volvemos a preguntar y nos dicen que de frente, Reyes sigue diciendo que es a la derecha. No le hacemos ni caso y seguimos subiendo, un poco más adelante ya si nos lleva hasta el Caravasar y dice “veis como estaba por aquí....”

La Rustem Pasa Cami es una mezquita que está muy cerca del puente de Galata. La parte de fuera es muy bonita ya que tiene muchas columnas cubiertas de azulejos. Dentro una mujer ha llamado la atención a Eva diciéndole que se tiene que tapar el pelo. A mi alguien me ha dicho algo porque estaba haciendo una foto, pero ni me he enterado.

Nuestro último día completo en Estambul amanece nublado y estará lloviendo intermitentemente todo el día. Hoy nos pasará una cosa muy curiosa. Queremos ir a la iglesia de San Salvador de Chora que es uno de los tesoros escondidos de esta ciudad. Junto al tranvía preguntamos a un hombre donde nos tenemos que bajar. Cuando nos ha dicho la estación otro hombre se pone a hablar con él. Subimos al tranvía nos bajamos donde nos ha dicho, al salir a la calle se nos acerca el otro hombre. Es un señor de unos 50 años que nos empieza a hablar en turco, no entendemos nada. Por gestos y señalando a donde queremos ir en un mapa, nos da a entender que él nos lleva, que tiene un coche y nos lleva (nos enseñaba las llaves). Por un lado no queremos molestarle, podemos ir por nuestra cuenta y por otro es muy amable… Se pone a hablar con un joven para que nos hable en inglés y nos diga que nos lleva él, que no nos cobra nada… Así que, por que no?, vamos! Cuando llegamos a su vehículo, resulta que es un Dolmus (un autobús de los pequeños, que están por todos lados). Encantados nos hemos subido y nos hemos puesto a buscar algo que tuviéramos para dárselo como recuerdo nuestro, no llevábamos ni un mísero bolígrafo que regalarle así que le hemos dado una moneda de 1 Euro, para que la tuviera como recuerdo. Nos ha costado que nos entendiera pues no quería aceptarla.

La Iglesia de San Salvador de Chora es una delicia. Es pequeña comparada con las mezquitas, pero está llena de mosaicos y de pinturas, la mayoría muy bien conservadas. Nos hemos pasado un buen rato mirándolo todo, observando los detalles que más nos llamaban la atención.

Muy cerca están las murallas de Constantinopla, nos hemos acercado y subido a ellas. Son bastante altas y no tienen barandilla ni nada, es un poco peligroso asomarse al borde. No se pueden recorrer por arriba ya que tienen diferentes desniveles y hay que bajarse para buscar un sitio por el que subir al siguiente punto. Las recorremos por abajo junto a ellas en dirección al Cuerno de Oro, en una tregua que nos da la lluvia. Desde aquí queremos ir a Eyup, que es una zona elevada desde donde hay muy buenas vistas de la ciudad. Además es un lugar con mucha tradición ya que la colina es un cementerio enorme, es el lugar donde suelen acudir los niños para ser circuncidados y hay una mezquita muy importante. Nos ha traído otro Dolmus gratis, estábamos esperando a que pasara uno hacia Eyup, le hemos llamado y ha parado, nos subimos y al llegar nos explica por gestos que no estaba llevando viajeros, estamos solos, que iba a empezar su recorrido y que no le tenemos que pagar.

Hoy es viernes, el día de descanso para los musulmanes. La mezquita está llena de hombres rezando la oración del mediodía, que además es la más importante. A las mujeres no las dejan entrar, son los hombres los que llenan el patio y la mezquita. No sabemos si dejarán entrar a algunas mujeres por otra parte o no, el caso es que no dejan pasar ni a Eva ni a Reyes ni a una mujer mayor (turca) que quiere visitar una tumba que hay allí. Subimos la colina atravesando el cementerio hasta la parte alta que es famosa por el Café de Pierre Lotí. Un día luminoso las vistas deben ser magníficas, ya que tenemos el Cuerno de Oro a nuestros pies, hoy no es así está todo nublado.

Cada vez llueve más así que buscamos un sitio a cubierto. Eva y yo entramos al Palacio de Dolmabahce. No se puede recorrer a tu aire, tienes que ir con un guía. El que nos toca a nosotros no para de hablar, pero tienes la sensación de ir corriendo todo el tiempo. Las visitas son rapidísimas, además es un sitio muy lujoso que no nos ha gustado mucho. Se va haciendo de noche cuando bajamos por la calle Istical Cadessi, que es la calle principal de compras modernas de Estambul. Aunque hace frío aprovechamos al máximo, volvemos cruzando el puente de Galata y recorriendo el Bazar de las Especias.

El último día hace un poco mejor tiempo, incluso saldrá el sol a lo largo de la mañana. Eva y yo visitamos el palacio de Tockapi. No está mal, pero nos parece una de esas cosas excesivamente valoradas, no nos parece tan interesante como lo ponen. Las piezas del tesoro no están mal, tampoco las vistas del Bósforo. Para entrar en el harem hay que pagar, entra sólo Eva que yo ya lo vi la otra vez. Acabamos con nuestro tiempo y nuestro dinero en Estambul comprando pastelitos. Sigo pensando que lo mejor de Turquía no son ni la Capadoccia, ni Estambul, ni Éfeso…, son las Baklavas (pasteles de hojaldre, almendras, miel y pistachos).

Para todos, todo!
Ricardo

5 comentarios:

  1. 1.Como siempre, la lectura de tus viajes es como estar paseando por el paisaje que recorres.
    Gracias Ricardo por tus relatos

    Román — 1 March 2010

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  2. 2.KARDO BORRIKERO!

    Según he llegado al kurro he leído tu crónica del viaje y…………….. cuando he terminado, he mirado a mi alrededor y me ha asustado ver que estaba aquí, en este sitio que tú conoces y que cada vez aporta menos puntos positivos a la vida de la gente.

    El caso es que me he sobresaltado porque no estaba en el bullicio de Estambul, ni pasando frío en la nieve, ni imaginando a los romanos o a los cristianos….

    Vamos, que me ha encantado leerlo.

    MUCHOS BESOS PÁ TÓS.

    PD. Ya estoy deseando que os vayáis de viaje en semana santa.

    Bruja Piruja — 3 March 2010

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  3. Menudo pedazo de viaje os pegasteis por Turquia! Ya podriais poner direcciones, enlaces y demas de interes, que nos vendria muy bien a los que queremos ir.

    Musica — 9 August 2010

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  4. Anda que no habia mejores epocas para ir a Turquia, pero con lo que os gusta a vosotros la nieve debisteis de disfrutar como enanos por alli, verdad?

    Descargar — 4 September 2010

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  5. ¡Maravilloso! Tus posts son los mejores definitivamente, escribes con una gran precisión y elocuencia. Adoro leerte
    tienes un blog muy genial ¡Por favor sigue subiendo mas sobre cómo Viajar Economico!

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